lunes, 31 de marzo de 2014

Enfrentarse a una tutoria

Siempre me pasa lo mismo, creo que lo tengo superado que sé lo que hay que hacer hasta que llega la famosa nota citándote para la tutoria.




 Si es justo antes de que vayan a darte el sobrecito con las notas, suele ser para decirte en cuantas asignaturas hemos suspendido esta vez.



Y entonces, la tranquilidad se diluye y me vuelvo completamente opaca, oscura, se acabó.
 Hay que enfrentarse a los tópicos de nuevo. Hay que oirlos como el que oye llover para intentar llevar a tu terreno al que se enfrenta a ti poseido de toda razón y es dificil que en ese momento no surjan los recuerdos de las notas casi diarias de la agenda en las que casi te imploran que seas una buena madre, que te ocupes de que lleve lápices en la mochila (la última vez tras vaciarla conté cuatro lápices y tres gomas) No se puede trabajar ha olvidado la libreta (estaba dentro de otro libro)

Son tantas las explicaciones que tengo que dar que, cometiendo el error del adivino, intuyo tomaran como las justificaciones de una madre que no ve que su hijo no da la talla.

Tantas veces he imaginado unas gafas que se pudieran colocar al que si siquiera intenta imaginar como se puede sentir un dislexico cuando lee, cuando intenta explicarse, cuando confunde cáncer con carcel. Esas gafas las llevarían sólo unas horas, quizá en el momento de la tutoria y sería un alivio. Comprenderían
Comprenderían y valorarían a ese niño que a pesar de luchar con esa carga es feliz, imaginativo, alegre, buen compañero, comprensivo y aunque no lo crean mucho más estudioso que algunos.

Quizá , un día me lleve una sorpresa y me digan cosas preciosas de mi hijo en general, sin peros y me ponga a llorar como una loca, ¿Conoceis este video? Un padre recibe el primer aprobado en mates de su hijo



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